En este sistema perverso y nefasto que nos vemos obligados a enfrentar para no sucumbir, parece más fácil modificar la percepción de la realidad que la realidad misma. Y como no, si vemos cada día como la falacia capitalista nos abofetea la mejilla cristiana y nuestro trasero se vuelve prostituto sin querer. Nos “regala” esta pseudo-democracia inventada por ellos, en beneficio de ellos y para ellos. Y debes consumirla y comprarla. Sino, jódete!!
Aquí nos encontramos parados mirando un horizonte que se nubla y se pierde cada día un poco más.
Sí, claro que es más fácil cambiar la percepción de la realidad que la realidad en sí.
Y si no son las drogas, será cualquier otra forma o método por el cual nos mantendrán al margen de festín.
Las drogas existen desde siempre y la existencia de ellas perdurará. Lo que ha cambiado en el tiempo ha sido su forma y motivo de uso. Si antes era místico, hoy es rítmico.... O algo así.
Pero el ser humano necesita conocer, saber, sentir; por que esto es lo que nos da la conciencia: la experiencia, la existencia, los sentidos, las emociones. Desde ahí nos paramos y nos encaminamos hacia una conciencia más profunda y sensible de nosotros mismos y de nuestro entorno. Entender hasta donde podemos permitirnos y cuando debemos detenernos. Tener, de manera más inteligente, apropiada y asertiva, el control de nuestra existencia, con una visión más amplia, en donde seamos capaces de llevar a cabo cambios reales en nuestras vidas, orientadas al mejoramiento de éstas en todo aspecto, por una sociedad más amable, justa y solidaria.
Y los cambios se construyen necesariamente a través de la resistencia ante el organizado, estructurado y violento sistema, a través de revoluciones en todo aspecto, culturales, artísticas, sociales, etc. Tenemos que ser capaces de ser rebeldes, hermosos y sensibles.
Lo otro, sólo debe quedar como un juego, una conversación, un coqueteo inocente con la inconciencia.